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CBianchiRoss/Vida y Obra

Un intruso con oficio

Un intruso con oficio


Armando Chávez

Cuando Ciro Bianchi Ross sale a conquistar mundo, se arma de una tablilla con bastante papel, reúne un puñado de preguntas y se llena de paciencia para tocar donde no lo llaman e interrogar escudado en ese tácito acuerdo que es el periodismo.

Luego, ante amigos y auditorios de aprendices, disfruta en ocasiones de atribuirse con la mayor naturalidad uno de los raptos de lucidez verbal que le dejaron en la memoria Otero Silva, Saramago, Cortázar o aquellas tarde de la década del setenta marcadas por el ritmo asmático y el humo del tabaco de Lezama Lima.

Después de más de tres décadas de inquirir a famosos (con admiración confesa por Norman Mailler), ha terminado él mismo por ser un poco personaje, dispuesto a sazonar los diálogos con agudezas propias y las de sus entrevistados. Esa es la mejor constancia de con cuánta fijeza conversa, de con cuánto gusto ha escuchado.

Dentro del periodismo, oficio desolador, terrible y privilegiado, que ama y detesta a la vez –según dice-, él ha persistido en reincidir en el ejercicio de la entrevista, que, aunque tiene la recompensa de codearse e incluso intimar con ídolos, a veces deja el sabor amargo y duradero de presentir sus más endebles costados.

A sus cuatro títulos de entrevista, Ciro agrega ahora Oficio de intruso, un conjunto de textos que guardara en las gavetas de sus archivos en Santa Amalia (de los que tanto se ufana), esperando a que pasara tiempo suficiente para saber si las palabras habían naufragado irremediablemente o mantenían poder de seducción.

Los personajes agrupados en el nuevo tomo son todos cubanos, entregados a las profesiones del arte más disímiles: Alberto Díaz (Korda) Pablo Armando Fernández, Jorge Luis Prats, René de la Nuez, Enrique Pineda Barnet, Nilda Rodríguez, Umberto Peña, Cintio Vitier, Julio Girona, César López, Electo Silva, Celina González, Nancy Morejón, Harold Gramatges y Lisandro Otero.

Publicado bajo el sello Unión, de casi 200 páginas, el volumen viene a ubicarse en un espacio casi siempre desolado en la industria editorial cubana, la entrevista; viene a saciar ese deseo de conocer de primera voz las obsesiones, titubeos y azares escondidos detrás de la creación y cuánto de excepcional y común hay en cada autor.

Son conversaciones sostenidas bajo el deseo de mantener la fluidez, esquivar los tonos ampulosos, pulsar la vena íntima, tantear terrenos arduos y polémicos – nunca acorralar- y descubrir el costado humano del interlocutor, sacando a flote, sin ensañamientos, poses, autocomplacencias, vanidades.

Ciro ha sabido conversar sin obnubilarse, aguijoneando pero sin atacar, poniendo sus cartas sobre la mesa, pero aceptando las salidas de su interlocutor. Nunca graba, prefiere copiar o, incluso, memorizar (como recomendaba Truman Capote), así seguramente esquiva las incoherencias, reiteraciones y titubeos de las respuestas.

Tiene la elegancia de dejar al interlocutor en primer plano y pulir el texto de tal forma que quede tan vigoroso que el entrevistado al verse en letra impresa nunca dudará en darse a sí mismo una palmada por tanta coherencia ante al cuestionario, sin reparar en la paciencia de relojero con que reinventaron su discurso palabra a palabra.

Apartado siempre del tropel de las redacciones, Ciro Bianchi prepara ya otro volumen de conversaciones, que tienen la intención de ser más acuciosas y de contar con la complicidad total del entrevistado. Como siempre, en días de nueva empresa, es capaz hasta de cambiar de número telefónico con tal de que lo dejen hurgar en archivos y escribir en paz.

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