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Carta a profundos habaneros

Carta a profundos habaneros

 Laidi Fernández de Juan,

Las  cien ilustraciones   y las  correspondientes anotaciones históricas que aparecen en Viendo La Habana pasar, del dibujante Evelio Toledo y el periodista Ciro Bianchi Ross respectivamente, constituyen una verdadera joya que regala Ediciones BOLOÑA, perteneciente a Publicaciones de la Oficina del Historiador de la Ciudad.

Quienes tuvimos el privilegio de asistir al lanzamiento de tan excelso libro, escuchamos la intervención que  ofreciera esa figura tan fuera de todo intento de encasillamiento que responde al nombre de Eusebio Leal.  A través de ella, además de impresionarnos con la maravilla de su oratoria, el Historiador de esta ciudad hizo la siguiente observación: Existe más de una Habana.

La frase, en apariencia sencilla, encierra todo el lapidario conocimiento de una persona que ha dedicado más de la mitad de su vida al rescate material, espiritual, histórico y  social de la ciudad que tantas veces ha sido elogiada, maltratada y vuelta a querer: La Habana. Nadie como él para hacer el elogio del libro que considero el mejor regalo de la temporada. 

En primer lugar, es menester ensalzar el cuidado que en general tiene  Ediciones BOLOÑA. Desde sus inicios, destacan el esmero y  el buen  gusto de dichas  publicaciones. Viendo La Habana pasar, de la colección Cornucopia, contó con el diseño de Jorge Martell y el oficio de la experimentada editora Iris Cano, cuya profesionalidad es ya proverbial. El resultado de dicha combinación es la hermosura impecable que el público no tardará en difundir.

 Luego de la impresión casi paralizante  que causa tanta exquisitez reunida en un solo objeto, en este caso, el  libro-catálogo, nos adentramos en el deslumbrante mundo que los dibujos de Toledo conforman. Arrastrando un hábito desvergonzadamente  infantil , es la visión de partes habaneras (Los Castillos, Las Plazas, Los Palacios, Los Monumentos , y también El Túnel, El Malecón, Coppelia, La esquina de Tejas, y muchos más hasta llegar a cien),  lo que ocupa nuestra primera atención. Es así el  orden: El disfrute visual de las imágenes que nos sorprenden por la precisión y la meticulosidad de los trazos, roba un poco de tiempo a la lectura de las palabras. Acto seguido, y ya con los retratos pintados  en nuestras mentes, recorremos nuevamente las páginas, para aprehender la historia que tiene para contarnos el maestro Ciro Bianchi Ross. En esta segunda lectura nos concentramos en los textos, siempre de cinco líneas, como  un pentagrama que explica en teoría la melodía que ya habíamos escuchamos en la práctica, o como diría un joven actual, en la vida real.

Estas anotaciones, breves pero reveladoras, precisas y amenas, ofrecen la información justa que se necesita para la ubicación temporal de la obra arquitectónica que estamos presenciando. Nada queda fuera de lugar ni de época en la medida en que se recorren las ubicaciones que ambos artistas, el dibujante y el historiador, seleccionaron  para esta entrega. Cada lector o lectora, una vez concluido el camino de las páginas ilustradas, acude a su propia memoria afectiva, y queda sumergido(a)  en el recuerdo de lo ya conocido, o el disfrute de lo recién aprendido.

¿Será posible atrapar a La Habana en cien dibujos, e historiarla mediante quinientas líneas?    Claro que no, pero siendo como es nuestra ciudad  un hervidero en constante ebullición, donde la historia de ayer apenas deja espacio al suceso actual que a su vez es ya pasado, donde la añoranza se mezcla con el necesario deber de protegerla, es loable el intento de mostrarla tal cual es. Nadie es  capaz de encerrar ni a La Habana ni a ninguna otra capital universal. Ni en fotos, ni en textos, ni en dibujos ni con palabras puede sentirse el clamor de los lugares, pero el acercamiento que logran los autores de  Viendo La Habana pasar, bien merece nuestro más encendido aplauso. Harta de la visión turística que muchos dedican a expandir, felicito  a quienes muestran su gran respeto por La Habana a través de la autenticidad sobrecogedora y el amor que se respiran en las páginas de este libro. Y me apunto a  la aseveración que hiciera Leonardo Padura en su reciente volumen La memoria y el olvido: “:…La Habana somos también cada uno de los habaneros…” (p.31), porque considero que además de exigir el cuidado del pedazo de planeta que nos tocó en gracia habitar, hay que mostrar un poco de humildad reverenciando a  aquellos que intentan  mejoramientos de todo tipo a través del empeño de su arte, y en algunos  casos, como es el de Eusebio Leal, con la entrega de toda la fuerza vital. 

 

Cubaliteraria, marzo, 2012.

 

 

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