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La Habana recordada

La Habana recordada

Susadny González Rodríguez


El periodista Ciro Bianchi y el dibujante Evelio Toledo nos regalan,
en su libro Viendo La Habana pasar (Ediciones Boloña), una Habana
mezclada, que desafía al tiempo con sus luces, y sus sombras. Esa otra
urbe de a pie que recorre, descubre a diario, y esboza el artista “con
mirada casi fotográfica”...

Como diría el historiador Eusebio Leal, durante la presentación del
volumen, en Viendo La Habana pasar hay dos obras que se
compatibilizan: la del periodista Ciro Bianchi y el dibujante Evelio
Toledo.


No le falta razón al escritor Leonardo Padura cuando dice que La
Habana, como pocas ciudades del mundo, suele ser vista por sus
prejuiciados tópicos de antemano establecidos. A riesgo incluso de
ignorar lo esencial de ella.

Sin pretenderlo, ¿o proponiéndoselo acaso? el periodista Ciro Bianchi
y el dibujante Evelio Toledo trascienden esa mirada preconcebida,
retórica y excluyente del drama cotidiano que se lleva el foráneo tras
su ejercicio turístico de “conocerla”; y nos regalan, en su libro
Viendo La Habana pasar (Ediciones Boloña), una Habana mezclada, que
desafía al tiempo con sus luces, y sus sombras. Esa otra urbe de a pie
que recorre, descubre a diario, y esboza el artista “con mirada casi
fotográfica”.

La Catedral, el conjunto más armonioso de la ciudad colonial; el
edificio de la Lonja del Comercio, considerado nuestro primer
rascacielos; el palacio del Segundo Cabo, otra de las grandes
expresiones del barroco cubano, por solo mencionar algunos, se funden
con la llamada esquina del pecado (intersección de Galiano y San
Rafael), la Reina de las calles, el puente Almendares, y así hasta
completar cien dibujos.

Toledo retoma la tradición, postergada en nuestra prensa, del grabado.
A pluma alzada y en trazos elementales, proyecta la elegancia e
historia, captada en sus andanzas, de la esquina más olvidada o el
paraje más recóndito de una Habana decadente y resucitada.

Pero, como diría el historiador Eusebio Leal, hay aquí dos obras que
se compatibilizan. La del ilustrador, y la que nos propone ese
proverbial cubano que es Ciro Bianchi, escrita con sentido campechano
que indica bonhomía, cercanía, cordialidad.

Qué envidia (sana) produce el enfrentarse a tan poderosa, magistral
capacidad de síntesis, la misma que contrasta con el retrato al estilo
de la exquisita crónica social de antaño. Qué sensación apoteósica del
recreo y el conocimiento unido invaden ante ¡5 líneas! (a modo de pie
de foto) que te trasladan hasta el sitio descrito con adjetivo
puntual. Mientras te sorprendes del dato aprendido.

Viendo La Habana pasar es el “sentimiento ilustrado” de un artista, el
testimonio a palabra viva del cronista, todo nacido del instinto y
condición de sentirse habaneros. Palpita La Habana en estas páginas,
cual postal en su honor para que el tiempo y la desidia moral de
quienes la habitan no se traguen su historia.

Fecha de publicación 20/02/2012

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