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CBianchiRoss/Vida y Obra

Ciro

Ciro

Rosa Miriam Elizalde

Es uno de los cronistas más vehementes y audaces que conozco. Puede oler una noticia a más de un kilómetro de distancia, cuando no se las arregla para crearlas. Esto da como resultado un observador febril que sigue su instinto y no puede dejar de curiosear, escribir e impactar. A partir de una oración afirmativa, él es capaz de construir un libro de aventuras atenido con rigurosa lealtad al argumento histórico. Ciro Bianchi Ross es en Cuba, probablemente, el periodista que muchos quisiéramos ser cuando seamos grandes.

            Recuerdo el día en que, tímidamente, lo llamé por teléfono a su casa para ofrecerle una de las secciones más leídas del dominical de Juventud Rebelde, que compartiría con nuestros queridísimo y fiel Enrique Núñez Rodríguez. Por experiencia propia sé que mantener una columna  en un periódico, a la par de otros compromisos profesionales, es una tarea inclemente y, a veces, un parto con fórceps. Estaba al tanto de que, en esos momentos, Ciro terminaba un libro, preparaba otro, atendía una página web y colaboraba con medio mundo.

            Sin embargo, su respuesta llegó tres días más tarde, en cuartillas tecleadas sobre una veterana Underwood –“sigo a la vieja usanza”, me confesó- y con el número exacto de líneas que le habíamos pedido. Desde aquel primer domingo, se convirtió en uno de los periodistas más leídos de Juventud Rebelde y a quien los lectores prodigaban sin miseria cartas, comentarios telefónicos y muchísimo cariño.

            Dijo Jorge Luis Borges en El Aleph, que “la humildad es una forma de lucidez”. Desde ese punto de vista, Ciro es un modelo. No solo porque para él una cuña informativa tiene tanta dignidad como un ensayo, sino porque quien lo conozca y se asome a su bibliografía no puede dejar de asombrarse. A él le debemos, junto a una colaboración sistemática con las más importantes publicaciones del país, numerosos títulos que recogen las huellas de personalidades  imprescindibles de las artes y el pensamiento hispanoamericano y universal, además de una excelencia periodística inscrita en nuestra mejor tradición, desde el advenimiento del Papel Periódico de La Havana, en el siglo XVIII cubano.

            Basta como referencia que Ciro Bianchi es uno de los grandes estudiosos de la obra de José Lezama Lima. Junto a Cintio Vitier, trabajó en la edición crítica de Paradiso, compiló Imagen y posibilidad y el epistolario Como las cartas no llegan. Editó los Diarios del gran escritor cubano y, por si fuera poco, es el autor, entre otros, de Las palabras de otros, Voces de América Latina, La oreja de Dios, Tras los pasos de Hemingway y García Lorca/Pasaje a La Habana, libros que sientan cátedra en nuestra profesión y que demuestran que al valor testimonial del periodismo se pueden unir la poesía de lo cotidiano, el placer, el asombro y el dolor que supone la vida como aventura intrínsecamente misteriosa.

            En Así como lo cuento hay muchas de las crónicas publicadas desde el inicio en aquella espléndida colaboración con la página 11 del dominical de Juventud Rebelde, un espacio que confirma la lúcida humildad de este gran periodista y, también, la frase de Paco Ignacio Taibo II que suele citar Ciro mientras se afilia con ardor a semejante concepto: “Si la voz del pueblo es la voz de Dios, nosotros, los periodistas, somos la oreja de Dios”.

            Juventud Rebelde. La Habana, 8 de febrero de 2005

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